Si eres un padre joven, es normal que tus viernes por la noche sean muy distintos a los de tus amigos solteros. En lugar de salir a cenar o tomar algo, probablemente estés bañando a tu hijo y leyéndole un cuento antes de dormir. Ser papá o mamá joven puede traer cansancio y nostalgia por tu vida anterior, pero también es un gran regalo de Dios lleno de bendiciones. La Iglesia nos recuerda que los hijos son un don y una misión. Criarlos desde jóvenes puede traer beneficios que quizá no imaginas. Aquí tienes algunos:
1.- Aprendes antes las lecciones más importantes de la vida.
Los hijos nos enseñan paciencia, entrega y amor verdadero. Muchas veces, ellos nos ayudan a crecer más de lo que pensamos.
2.- Te motivan a cuidarte más.
Querer lo mejor para ellos nos impulsa a cuidar nuestra salud física, emocional y espiritual, para poder acompañarlos bien.
3.- La adaptación a la paternidad es más sencilla.
Cuando se es joven, es más fácil dejar atrás ciertas comodidades para abrazar la responsabilidad con alegría.
4.- Hay más tiempo para ampliar la familia.
Si Dios lo permite, tener hijos temprano te da la posibilidad de tener más y acompañarlos durante más años.
5.- Es más fácil comprenderlos.
Al ser menor la diferencia de edad, se comparten intereses y se entiende mejor su forma de ver la vida.
6.- Disfrutas más tiempo juntos.
Criar desde joven significa tener más años para compartir momentos y recuerdos.
7.- Te ayuda a proyectar el futuro pensando en el bien de la familia.
Los hijos nos impulsan a planificar, trabajar y esforzarnos con amor, sabiendo que todo lo que hacemos es para su bien.
8.- El “nido vacío” llega antes.
Aunque siempre cuesta imaginar el día en que los hijos se vayan de casa, criarlos desde jóvenes significa que, cuando eso pase, todavía tendrás mucha fuerza y tiempo para retomar sueños, proyectos y hasta viajar, si Dios lo permite.
9.- Los abuelos estarán más activos.
Tener hijos jóvenes suele significar que los abuelos también son más jóvenes y con más energía para jugar, cuidar y compartir momentos con los nietos. Esto crea lazos muy especiales y recuerdos inolvidables para todos.
10.- Más energía para seguirles el ritmo.
Criar a un hijo exige fuerza y paciencia. Aunque el sueño escasee, la juventud ayuda a recuperarse más rápido y a tener energía para jugar, enseñar y acompañar en todas las etapas.
Conclusión:
Ser padres es una vocación hermosa que Dios confía a algunos. No importa la edad, siempre habrá desafíos y alegrías, pero la paternidad joven tiene dones muy especiales como más tiempo juntos, más energía, abuelos presentes y la posibilidad de crecer como persona desde antes. Lo importante es vivir esta misión con amor, fe y entrega, sabiendo que cada sacrificio hecho por los hijos tiene un valor eterno ante Dios.



