Los napolitanos vuelven a recordar que Dios ES y OBRA sobre su creación. En la ciudad de San Genaro, el prodigio de la licuefacción de su sangre se ha renovado en la mañana del 19 de septiembre de 2025, en la catedral dedicada al santo mártir[1]. Desde temprano, el templo abrió sus puertas para acoger a los fieles que aguardaban con ansia el acontecimiento; la misa se celebró a las ocho, seguida de la lectura de la Pasión de San Genaro, y posteriormente el arzobispo de Nápoles, monseñor Domenico Battaglia, junto con monseñor Vincenzo De Gregorio, abrió la caja fuerte que contiene las ampollas con la sangre del obispo martirizado en el año 305. Colocadas en el altar mayor, junto a las reliquias del santo, fueron presentadas a la multitud y, hacia las 10:08 de la mañana, se constató que el contenido aparecía completamente licuado, como signo de la repetición del milagro. El evento fue retransmitido en directo, como es costumbre, y congregó tanto a fieles como a autoridades políticas y civiles, pues este signo es considerado por la ciudad un augurio de paz y de protección. El prodigio, según la tradición, se repite tres veces al año; el 19 de septiembre, fecha de su martirio; el primer domingo de mayo, en memoria del traslado de sus restos; y el 16 de diciembre, día en que, según la tradición popular, su intercesión detuvo la erupción del Vesubio en 1631[2].
Ahora bien, desde del tomismo, conviene considerar qué significa hablar de milagro. Santo Tomás enseña que el milagro es aquello que se realiza praeter ordinem totius naturae creatae, es decir, más allá del orden de toda la naturaleza creada, y que por ello sólo puede ser causado directamente por Dios (Suma teológica – Parte Ia – Cuestión 105). No se trata, pues, de un simple hecho extraño, sino de un signo en el que se manifiesta la potencia divina por encima de las leyes naturales que Él mismo ha establecido. El milagro, además, tiene siempre una dimensión finalista por cuanto no busca deslumbrar ni suspender la razón, sino conducirla hacia la verdad de la fe, confirmando la predicación y suscitando devoción en los corazones. De ahí es que Santo Tomás lo vincule a la credibilidad de la doctrina revelada, como testimonio que acompaña a la palabra de los profetas y de los santos.
En este sentido, el fenómeno de San Genaro, más allá de cualquier análisis físico o especulación naturalista, se convierte para los fieles en signo de la providencia y de la misericordia de Dios, que se complace en fortalecer la fe de un pueblo mediante la memoria de sus mártires. El milagro no se presenta como una ruptura caótica del orden natural, sino como manifestación de la soberanía divina sobre todo lo creado, y como recordatorio de que el orden de la gracia es superior al de la naturaleza. Así, la licuefacción de la sangre del santo es recibida por los napolitanos como un llamado a la conversión de muchos, confirmando en ellos la certeza de que la intercesión de los santos es eficaz porque participa del mismo amor divino que sostiene el universo.
[1] Fuente: https://www.aciprensa.com/noticias/117385/se-renueva-el-prodigio-de-la-licuefaccion-de-la-sangre-de-san-genaro-en-napoles?utm_source=chatgpt.com
[2] Fuente: https://fsspx.news/es/news/napoles-la-licuefaccion-la-sangre-san-genaro-se-ha-producido-una-vez-mas-54540



